AL VUELO/ Por Pegaso

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Habana

Volando sobre la colonia Aquiles Serdán y sector centro de la ciudad veía desde arriba cómo negreaban las calles por tanto mulato y negro bembón, procedentes de la bella isla de Cuba con miras a brincar el charco y convertirse en ciudadanos americanos.

Y es que todo este sector ya se ha convertido en una Pequeña Habana, como el barrio que hay en Miami, donde no se ve un solo gringo, donde el aire está impregnado de olores caribeños, como el lechón y el tabaco.

Aquí, desde hace varios meses se han establecido cientos, o tal vez miles de cubanos que tienen el mismo propósito.

A diferencia de otros grupos de migrantes, como los centroamericanos, que vienen sólo con una mano adelante y otra atrás, los de Cuba traen billetes, y gastan a manos llenas.

Sus familiares que radican en Miami o en otras comunidades de Estados Unidos les mandan dinero para que vivan una vida regalada, casi casi, de vacaciones en la zona fronteriza de México, mientras procede su solicitud de asilo.

Recordaremos que, tras la abolición de la llamada Ley de Pies Descalzos por parte de Obama, la gran mayoría ya no cruzan en lancha el canal que separa la isla de la península de Florida, sino que ahora tienen que seguir una ruta que los trae a México, llegar a la frontera y hacer toda la tramitología para poder ingresar de manera legal a los Estados Unidos.

Ha habido algunos, sin embargo, que se desesperan y corren a toda velocidad a lo largo de los puentes hasta las garitas de migración americana.

Si logran llegar ahí, sin ser detenidos por los cumplidos elementos migratorios gringos, ya chingaron, y según la ley tienen derecho a ser recibidos en aquel país y obtener la estancia legal.

Pero mientras eso ocurre, en Reynosa vemos cada vez más personas de piel morena, cabello rizado y nalgas prominentes que caminan por nuestras calles.

Es bien típico cuando un cubano se hospeda en alguna vivienda o edificio de departamentos, porque acostumbran secar al sol sus camisas, pantalones, calcetines y calzones.

En muchos restaurantes y tiendas de la zona centro, llegan a solicitar trabajo, porque quieren ganar su lanita mientras se encuentran entre nosotros.

Suelen ser atentos y serviciales.

Pero no sólo se han venido personas de raza negra o mulata, sino que también hay cubanos güeros, de ojo de color, o curvilíneas chicas que son admiradas a su paso por los ojos de los lujuriosos reynosenses.

Al paso de uno o dos años, usted verá una nueva generación de chilpayates de piel morana y pelo rizado, porque se dice que los cubanos y las cubanas traen el azúcar y el fuego en la sangre.

Es como aquella canción revolucionaria llamada “¡Ay, mamá, los de a caballo” que describía los efectos de la presencia de la tropa en una ranchería: “Ahora ya que se largaron ¡cómo va a crecer el pueblo!”.

Hace unos días estuve en el albergue del migrante “Senda de Vida” y me dí cuenta de la gran cantidad de personas de esa nacionalidad que están ahí, en espera de que los llamen para entregar sus papeles.

-¿Tú ere´cubano?-le pregunté a uno de ellos, haciéndome el gracioso, imitando el modo de hablar caribeño.

-Sí, mi socio,-me contestó el aludido.

-¡Cosa ma´ grande, mi negro!-le volví a decir, y por lo menos logré sacarle una sonrisa.

Por cierto, la gran mayoría de ellos han traído recuerdos de su patria, como ropa, billetes y otros objetos que guardan celosamente.

La gran mayoría vienen huyendo del régimen opresor y hablan con nostalgia de aquella época ya pasada, cuando La Habana era una brillante y alegre metrópoli, gracias a la buena relación que había con los Estados Unidos.

Luego llegaron Fidel Castro y el Ché Guevara, y todo se fue al carajo.

Y aquí nos quedamos con el refrán estilo Pegaso:  “Obsérvate en dicha superficie pulida y reflejante”. (Mírate en ese espejo).




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