AL VUELO/ Por Pegaso​

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Chucho

Sentado en mi mullido cumulonimbus me pongo a hojear las páginas electrónicas y, ¿qué es lo primero que veo? La más novedosa y nunca vista ocurrencia de nuestro magnánimo Pejidente.​

Pretende crear un instituto que sirva para devolver a la gente lo que se han robado los políticos, como dicen que hace tiempo lo hacía Robin Hood, en Inglaterra, o Chucho el Roto, en México.​

De hecho, el propio Peje así lo bautizó: “Va a haber un injtituto “Robin Hood” o “Chucho el Roto” pero para loj corruptoj”,-dijo en su acostumbrada conferencia de prensa mañanera.​

Para conocer un poquito más y comprender la magnitud de lo que propone el mandatario, permítanme mis dos o tres lectores remitirlos a la descripción que normalmente se hace de Robin Hood: “Fue un arquetípico héroe y forajido del folclore inglés medieval. Inspirado por Ghino di Tacco y en honor a un hombre llamado Robin Longstride o Robin de Locksley, quien era de gran corazón y vivía fuera de la ley, escondido en el bosque de Sherwood y de Barnsdale, cerca de la ciudad de Nottingham. Luchaba a favor de los pobres contra el príncipe Juan sin Tierra.​

Hay un chiste muy común hoy en día: Va un lujoso carruaje por el bosque de Sherwood y entonces, sale Robin Hodd con su grupo de forajidos y baja al rico mercader que va en el carromato: “¡Soy Robin Hood! Les quito a los ricos para dar a los pobres!” Y entonces le quita todo lo que traía y lo deja en cueros. Pesaroso, el hombre empieza a llorar y dice: “¿Qué voy a hacer? ¡Ahora soy pobre!” Robin Hood se da la media vuelta y le regresa todo: “Tome, buen hombre. Yo soy Robin Hood, quito al rico para dar al pobre”. Lleno de alegría, el sujeto grita: “¡Otra vez soy rico!” Nuevamente se regresa Robin Hood y dice: “¡Alto! Yo soy Robin Hood, quito al rico para dar al pobre…”​

En México, la historia de Chucho el Roto no fue tan romántica. ​

Jesús Arriaga fue un legendario bandido mexicano, experto en fugarse de la prisión, hasta que fue refundido en la famosa cárcel de San Juan de Ulúa, donde finalmente murió.​

Fue en la época del porfiriato cuando “Chucho el Roto” causaba terror y asombro entre los ricachones afrancesados.​

Durante casi diez años estafó y robó, pero al mismo tiempo luchó a favor de los más desprotegidos, convirtiéndose en uno de los ídolos más queridos del pueblo, ya que parte de lo que robaba a los ricos era para ayudar a los pobres.​

La idea del Pejidente de crear un Instituto “Chucho el Roto” no suena tan descabellada. Si en verdad los políticos ratas regresaran todo lo que se clavaron durante tantos años de estar en el poder, México sería muy diferente: En lugar de que nuestros mojados se vayan a los Estados Unidos, los gringos vendrían a trabajar a nuestros campos, en lugar de comprar gasolina cara, nosotros la venderíamos. Tendríamos además todo pavimentado y sin ningún bache, construiríamos veinte refinerías, ocho aeropuertos semejantes al NAIM, cinco trenes mayas y párele de contar.​

Por tal motivo, yo me atrevo a proponer la creación de otros Institutos que también aportarán grandes beneficios a los habitantes de nuestro país:​

-Instituto “Chapo Guzmán”: Dedicado a rescatar y atender a todas las víctimas de la guerra contra el narco.​

-Instituto “Miguel Barbosa”: Este instituto tendrá como propósito crear un fideicomiso para la revisión de cada helicóptero que presta servicios de transporte en el país.​

-Instituto “Romero Deschamps”: Irá encaminado a crear y equipar un asilo para todos aquellos líderes petroleros que se quedarán en la bancarrota luego que sean obligados a soltar la chiche del sindicato.​

-Instituto “Carlos Slim”: Buscará resarcir los daños provocados por el encarecimiento de los servicios que presta la empresa TELMEX y en general, todas las compañías del grupo CARSO.​

Como ven, la iniciativa del Pejidente abre un enorme abanico de posibilidades.​

Y viene el refrán estilo Pegaso que dice: “Individuo que acostumbra sustraer los bienes ajenos y afecta a un símil, goza de amnistía secular”. (Ladrón que roba a ladrón tiene cien años de perdón).​



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