Al Vuelo/ Por Pegaso​

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Mariguas

Aunque siempre ando volando entre las nubes, no vayan a creer mis dos o tres lectores que lo hago bajo la influencia de alguna sustancia psicoactiva.​

Allá, en mi muy lejana infancia, recuerdo a un sujeto delgado, pero corrioso, barbón, greñudo y mugroso que siempre traía su bacha pegada a la boca. Le decían Beto Mariguas.​

Desde aquel entonces sabía yo que fumar hierba no era bueno.​

Caminaba por las calles de mi barrio trastabillando, y todos los chamacos gritaban al verlo venir: “¡Ahí viene Beto Mariguas!”​

Usada por su efecto relajante, fumar marihuana también causa una sensación de euforia, reacciones y coordinación más lentas de ojos y manos, percepción distorsionada del tiempo y la distancia, dificultad para razonar, aprender y recordar, confusión, ansiedad, pánico, paranoia y un aumento del 20% en el ritmo cardiaco.​

Ayer, en Montreal Canadá, se legalizó el uso de esa droga para fines recreativos. La tienda donde se puso a la venta no dio abasto ante la fuerte demanda. Había una fila que daba la vuelta completa a la cuadra. Todos eran chavos de entre dieciocho y treinta años. Sólo unas cuantas eran mujeres.​

En México está bajo debate el tema de la legalización para fines terapéuticos, sin embargo, sólo basta dar el siguiente paso para que también se apruebe su uso recreativo y entonces sí, en unos cuantos años quedaremos tan locos como los gringos.​

Para quienes quieran conocer más acerca de la marihuana, por si las moscas, es bueno saber que en México recibe un sinúmero de nombres. Entre los más populares están: Mariguana, mota, juanita, alfalfa, chora, chabela, chíchara, de la buena, diosa verde, doña diablo, dama de la ardiente cabellera, flor de Juana, goma, grifa, Mary Popins, mora, motivosa y motocicleta.​

Hay quienes la clasifican por su calidad. En Estados Unidos, está la Power Flower, la Haze Berry, la Shinning Silver Haze, la Royal Madre y la Amnesia Haze, que son mezclas o cultivos especiales.​

Ya que en México el consumo no está tan generalizado como en Estados Unidos, donde los güercos de 12 años ya se fuman su cigarrito cuando sus mamás no los ven, resulta difícil saber cuál será el impacto que tendrá en la sociedad si llega a legalizarse.​

Me imagino que, por principio de cuentas, los grandes cárteles que actualmente controlan el trasiego y la producción de la cannabis se convertirán en prósperos empresarios, pagarán sus impuestos a Hacienda y tramitarán la marca registrada de sus productos.​

Un eslogan en televisión, en horario estelar podría decir: “Cigarros del Chapo, por su sabor”.​

O bien, si el producto va dirigido al público femenino: “Cigarrillos La Reyna del Sur, mentolados”.​

¿Y qué tal para los vaqueros urbanos?: “Venga a donde está el sabor, venga al mundo Coronel”.​

Políticos de la envergadura de Vicente Fox, que ahora defiende la legalización del alcaloide, empezarían a producir grandes cantidades en su rancho y Martita administraría las ganancias.​

No es para nada descabellado suponer que la mariguana desplazará casi de inmediato al tabaco. Pronto, en las tiendas de conveniencia venderán cajetillas como si fueran chicles.​

Pero eso sería sólo el principio. Pronto el Congreso buscaría la forma de reformar la ley para permitir el uso recreativo de otros alcaloides como el hachís, el opio, la heroína, la cocaína, el peyote, los hongos y todo tipo de psicotrópico.​

Yo por eso la única droga que tengo es la de la mueblería. (Nota de la Redacción: Y el banco, y la luz, y el agua, y…)​

Termino mi colaboración de hoy con el refrán estilo Pegaso: “Pronúnciate negativamente hacia las sustancias psicoactivas; las sustancias psicoactivas exterminan”. (Di no a las drogas; las drogas destruyen).




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