YO AMO A MÉXICO, POR ESO VOTO

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Por Lic. Juan García Látigos

Porque amo a México, voy a votar. Pero ¿por quién votaré? Por el mejor: el que va a mejorar la economía y acabar con la corrupción; el que va a desterrar la delincuencia, que nos tiene aterrorizados, ya que, al salir de casa, nadie se siente seguro de regresar vivo o sin haber sufrido un asalto.

Por ese «salvador de México» voy a votar. Pero ¿hay alguien, entre los contendientes, que pueda realizar todo esto que promete? Cada seis años he votado por la esperanza de un cambio positivo, a beneficio de México. Por desgracia, vi que el cambio llegaba: de mal en peor.

¿Cuáles pueden ser los motivos de esta constante degradación del país? Buscando las causas de esta enfermedad, que quiere acabar con México, encontré una: los nuevos líderes, que vienen a flote en el cuadrante de la historia mexicana, brotan de una sociedad sin valores. Y recordemos que «el árbol malo no puede dar frutos buenos».

En muchas familias y escuelas no se enseñan los valores necesarios para vivir en la sociedad, sino que impera «la ley de la selva», donde «el más fuerte se come al más débil». De hecho, lo que se enseña no es cómo hacer el bien, sino cómo «gozar» a expensas de otros. No se educa para la paz, la cual se consigue a costa de sacrificios y de renuncias, sino que se busca cómo «triunfar» aplastando a los otros.

Al niño que va a la escuela y que regresa llorando, la mamá le dice: «¡No te dejes!». No le dice: «no te juntes con los malos, sino con los buenos y evitarás pleitos». Los papás mandan a estudiar a los hijos, con muchos sacrificios, para que luego puedan triunfar en la vida; no para que crezcan y se capaciten para luego ayudar a tanta gente que lo necesita.

Hace falta un gobierno que promueva valores con la educación en las escuelas y en los medios de comunicación social, premiando programas que educan y promueven los valores de la familia. El gobierno debe trabajar para crear una cultura altruista, para levantar a los que están anclados en la miseria espiritual y material.

¿Qué decir de las tabletas y celulares que vuelven locos a los adolescentes y jóvenes de hoy? Esto debe ser un tema muy importante y difícil de afrontar, para que estas nuevas generaciones no sean el inicio de un mundo de adultos sin pensamientos, vacíos y ausentes.

Si los adultos de hoy no somos capaces de encontrar una solución a este problema entonces la vida de la humanidad va a ser mucho más grave que la presente. Nuestros tiempos, para quien tiene cabeza para pensar, son de gran importancia para el próximo futuro. Por eso, votar por alguien movido por intereses egoístas o de corto alcance es propio de quien no está a la altura de los tiempos, es dejar que México continúe destruyéndose.

Por estos motivos, no me decido por quién votar, por no encontrar el líder que con su camarilla tenga valores sino, por el contrario, veo personas con intereses egoístas, ambiciones y soberbia: su pasado lo demuestra.

Tampoco quiero votar a favor de alguien que no tiene valores, ni fe en Jesucristo, quien podría ayudarlo. Porque amo a México, votaré en contra de quien pueda dañar más a quien amo, dando el voto a quien es «menos malo», pero no como apoyo a él, que es malo, sino en contra del que es peor, para que no vaya a hacer estragos de mi Patria.

Esta crítica situación nacional, nos obliga a pensar y a trabajar para que dentro de seis años tengamos un panorama mejor, despejado de tantos nubarrones.




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